El mito del “tú me completas” en las discusiones en pareja
Mis relaciones de pareja no fueron un camino fácil. Desde hace un tiempo me fijo en las relaciones de mis amigos, tanto de quienes tienen pareja como de quienes no. Es un tema que me llama mucho la atención. Creo que uno de los principales motivos por los que fui a terapia estuvo relacionado con las constantes discusiones en pareja y la dificultad para resolver conflictos, sobre todo con mi primera pareja.
Incluso llegué a pensar que mis dificultades para encontrar a alguien con quien sentirme completo se debían a un mal karma de vidas pasadas, o que, a diferencia de otros aspectos de mi vida como la salud o la economía, en el amor no estaba predestinado a vivir una relación sana y placentera. Evidentemente, esto no era así y gran parte de la solución pasaba por aprender a tener una comunicación efectiva.
En realidad, es difícil acertar con una relación desde el inicio. ¿Cómo vamos a saber quién nos completa si ni siquiera nos conocemos profundamente a nosotros mismos? En terapia solemos decir que el periodo de enamoramiento es un momento proyectivo: “proyectamos” en la otra persona todo aquello que nos gusta de nosotros mismos, o lo que no tenemos, pero desearíamos tener.
A esto lo llamamos proyección positiva. Durante esta etapa vemos al otro/a sin peros, nos cuesta reconocer sus defectos. En verdad, no vemos con claridad cómo es la persona ni cómo funciona su personalidad.
Expresado de un modo más gestáltico, la figura aquello que capta nuestra atención es ese “otro idealizado”, lleno de lo que creemos necesitar. El fondo, lo que no vemos, son nuestras carencias y proyecciones. En esta etapa no hay verdadero contacto, sino una fusión (confluencia) que nos impide ver al otro como realmente es.
Discusiones en pareja y el desencanto como oportunidad de crecimiento
Cuando lo idealizado se desvanece, emerge la realidad: un otro con diferencias, límites y necesidades propias. Desde la Gestalt, este momento no es un fracaso, sino una puerta hacia el verdadero vínculo. La consciencia de nuestras proyecciones nos permite asumir responsabilidad sobre lo que sentimos y esperamos.
Podríamos decir que la idealización del otro es una forma “infantil” de mirar la relación, como cuando de niños veíamos a los adultos como héroes. Pensar que nuestra pareja no tendrá rasgos que nos desagraden es poco realista. Al igual que nosotros, el otro no es perfecto y, en algún momento, algo de él o de sus acciones nos va a decepcionar y esto va a generar una crisis en la pareja.
¿Qué es el amor maduro desde la Gestalt?
El amor maduro implica autoconocimiento y compasión interna. Surge de la consciencia y del propio proceso de desarrollo personal. La consciencia y el amor hacia uno mismo conllevan madurez, entendida como aceptación e integración de las experiencias, pero no desde el resentimiento o la negación, que bloquean la evolución.
En el amor maduro ya no esperamos que el otro nos complete, porque nosotros mismos nos sentimos completos. Cuando nos relacionamos desde nuestras carencias, las proyectamos en la pareja, lo que inevitablemente genera frustración. Nadie puede completarnos de la manera que imaginamos. En Gestalt diríamos: “Ya no espero que me completes, sino que me encuentro contigo desde quien soy”.

Cómo ayuda el terapeuta en las discusiones en pareja
Entre las diferentes funciones que desempeño como formador y terapeuta Gestalt, una de las que más disfruto es la terapia de pareja. Pocas cosas me hacen tan feliz como ver los procesos de las personas que llegan a BIGESTALT cargadas de sufrimiento con problemas de comunicación en pareja y observar cómo, poco a poco, van ganando consciencia, cambiando su forma de comunicarse y reconstruyendo puentes de conexión entre ellos.
Sin embargo, estar como terapeuta en un sistema formado por dos personas no es fácil. Según el momento en que se encuentre la pareja, si hay muchas discusiones en la pareja será difícil mantener la equidistancia puede resultar complejo, sobre todo cuando uno de los miembros parece estar bloqueando la evolución. Se requiere cierto “arte” para acompañar sin que ninguno se sienta excluido o señalado.
En este tránsito del amor romántico al amor real, el terapeuta actúa como acompañante del proceso, sin tomar partido. Facilita la toma de consciencia de las proyecciones y promueve un contacto genuino con uno mismo y con el otro, favoreciendo un diálogo respetuoso y responsable entre ambos.
Algunas herramientas útiles que ayudan en las discusiones en pareja:
-
Diálogo con partes internas (el yo que necesita, el yo que teme).
-
La técnica de la silla vacía o caliente, ayuda a expresar lo no dicho con claridad y contención.
-
Observación de los mecanismos de interrupción del contacto en la pareja (es decir, cómo cada uno obstaculiza la comunicación o la evolución, dificultando que puedan encontrarse y verse de verdad).
Cómo favorecer el encuentro verdadero
Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección, pero sin dejar de ser dos. El amor maduro no evita el conflicto, lo incluye. Es el que elige el vínculo desde la consciencia, no desde la carencia. Dejar atrás la mirada idealizada e infantil implica mirar al otro/a desde la madurez: desde la realidad de lo que hay y de lo que elijo.
Santi Calvo
Terapeuta Gestalt
miembro Titular, Supervisor y Didacta de la AETG
Terapeuta de pareja modelo Gestalt Sistémico Relacional.
